En las próximas semanas saldrán a la calle tres nuevos títulos de la colección “Los ilustrados”, que publica a ilustrados franceses radicales del siglo XVIII, muchos de ellos nunca traducidos al español. Son “los ultras de las Luces” de los que habla Michel Onfray, la “gente peligrosa” de la que trata Philipp Blom.
Estos tres libros son Del espíritu, de Claude-Adrien Helvétius, en traducción de José Manuel Bermudo; Etocracia. El gobierno fundado en la moral, del barón de Holbach, (siguiendo la línea holbachiana de la colección), traducido por Josep-Lluis Teodoro, y Diccionario de ateos, de Sylvain Maréchal, en traducción de Javier Mina.
La publicación de Del espíritu en París en 1758, con todos los permisos reales, causó furor. Tras el primer shock, las reacciones tanto de la Iglesia como del Estado fueron hostiles. Jesuitas y jansenistas, enemigos íntimos, lo atacaron por igual. La venta del libro fue prohibida por el Consejo de Estado. Fue quemado e incluido en el Índice de libros prohibidos junto con la Enciclopedia. El papa Clemente XII advirtió a todos los católicos dueños del libro que debían hacerlo quemar por un sacerdote o recibirían la excomunión. Del espíritu «pasó a ser símbolo del nuevo espíritu ilustrado, como lo había sido y seguía siéndolo la Enciclopedia, como lo sería el Sistema de la naturaleza de Holbach o la Memoria contra la religión de Meslier» (José Manuel Bermudo).
«Del espíritu será considerado como uno de los grandes libros del siglo XVIII. Bien mirado, es un furioso mazazo dirigido contra los prejuicios de todo tipo» (Denis Diderot).
«Hasta el día de hoy, Helvétius es en Alemania el más vilipendiado de los buenos moralistas y los hombres buenos» (Friedrich Nietzsche).
«Los franceses prestaron al materialismo inglés esprit y elocuencia, carne y sangre. Le dieron temperamento y encanto, que le faltaban. Lo civilizaron. Helvétius imprimió al materialismo un carácter típicamente francés y lo puso en relación con la vida social» (Karl Marx).
«¿El objetivo de Del espíritu? Buscar y encontrar la verdad. No creer en ella con los ojos cerrados porque la enseñan los sacerdotes, sino establecerla rigurosamente, con método, a partir de la observación de la naturaleza y sus leyes» (Michel Onfray).
[Ilustración: Helvétius, según Carlos Patiño]